Quería ser libre

Desde chica tuve un fuerte deseo de independencia.

No sabía exactamente qué significaba. Solo sentía que quería poder elegir. Quería tomar mis propias decisiones. Quería construir una vida que se pareciera a mí.

Con los años entendí algo que me marcó profundamente: para muchas mujeres, la libertad también tiene una dimensión económica.

No es solo una cuestión de dinero.

Es la tranquilidad de saber que podés sostenerte.

Es la posibilidad de elegir.

Es no quedarte en lugares, trabajos o vínculos únicamente porque no tenés otra alternativa.

Ese llamado que sentía de chica terminó convirtiéndose en parte de mi propósito. Primero para mi propia vida y después para acompañar a otras mujeres.

No significa que tenga todo resuelto.

Sigo aprendiendo todos los días (siempre siempre mentalidad de APRENDIZ)

Pero hay algunas cosas que me hubiera gustado comprender antes y que hoy quiero compartir.

1. No cedas el control de tu economía

No importa si tenés pareja, una familia que te ayuda o alguien que se ocupa de los números.

Conocer tu situación económica es una forma de autonomía.

No necesitás hacerlo todo sola. Pero sí necesitás saber dónde estás parada.

2. Trabajá en tu mundo interior

Durante mucho tiempo creí que todo se resolvía haciendo más.

Más cursos.

Más trabajo.

Más esfuerzo.

Con el tiempo entendí que muchos de los resultados que vemos por fuera tienen su origen en cosas que no podemos ver ni tocar.

Creencias.

Miedos.

Mandatos.

La relación que tenemos con nosotras mismas.

Por eso hoy creo que tu economía y tu negocio no son compartimentos separados de tu vida personal. Muchas veces son un reflejo de ella.

La forma en que cobrás, gastás, ahorrás, te organizás o tomás decisiones suele contar una historia mucho más profunda que la que aparece en una planilla.

Trabajar en tu mundo interior no reemplaza la acción.

Pero puede cambiar por completo la forma en que actuás.

3. Elegí bien a quién escuchar

Cuando empezás a construir algo propio aparecen opiniones por todos lados.

Aprendí a filtrar.

Escucho especialmente a las personas que han construido algo que admiro y cuya vida refleja valores que comparto.

No todo consejo merece el mismo peso.

4. Definí qué es importante para vos

Vivimos rodeadas de estímulos.

Más dinero.

Más clientes.

Más seguidores.

Más productividad.

Pero si no sabés qué querés, es muy fácil terminar persiguiendo objetivos ajenos.

La claridad es una forma de libertad.

5. Buscá ayuda

Mentores.

Comunidad.

Amigas.

Espacios de aprendizaje.

Todo se vuelve más liviano cuando dejás de intentar resolverlo todo sola.

No porque necesites que alguien te salve.

Sino porque crecer acompañada suele ser mucho más amable que crecer en soledad.

Todavía sigo aprendiendo qué significa ser libre.

Pero cada vez estoy más convencida de algo:

La libertad no aparece de golpe.

Se construye.

Y muchas veces empieza con una decisión pequeña: empezar a hacerse cargo de la propia vida.

Con cariño

Lu